Hace días se viralizó el perfil de Letterboxd de Sergio Camello, ariete del Rayo Vallecano, que descubriría al público uno de los contrastes más inesperados: un hombre futbolista. Muchos sin conocerle, automáticamente (y solo por dicha definición) ya etiquetarían como un representante del “heterobasiquismo”, por su relación directa con uno de los entornos más capitalizados por la manosfera como es el fútbol. Pero disfruta viendo y reseñando películas las cuales muchas de ellas forman parte del subgénero cinematográfico femcel.
El canterano del Atlético de Madrid, que se ha popularizado en redes por sus reviews de cine y sus comentarios sobre películas como The Virgin Suicides, Midsommar, Gone Girl o Frances Ha, se ha convertido accidentalmente en un ejemplo perfecto de algo que internet todavía se resiste a aceptar. Y es que la cultura femcel no conecta únicamente con mujeres. También interpela a muchos hombres, aunque normalmente lo hace de forma menos visible.



Cuando internet habla de “cine femcel” rara vez se refiere a una ideología concreta. Más bien es una estética emocional. Películas atravesadas por soledad, alienación, ansiedad romántica, vacío existencial y personajes incapaces de encajar del todo en el mundo que les rodea. Lady Bird, Portrait of a Lady on Fire, Lost in Translation… Y aunque el “retrato” del consumidor de este tipo de obras haya quedado asociado a mujeres jóvenes, la realidad es que esa sensibilidad es universal.
Durante años, internet ha construido una separación absurda entre lo que se considera “masculino” y “femenino”. En el cine, esto se proyecta a creencias estigmatizadas como la de que los hombres solo puedan conectar con películas sobre violencia, ambición o épica, mientras que las historias íntimas y emocionalmente vulnerables quedaban automáticamente etiquetadas como “cine de chicas”. Pero el fenómeno alrededor del perfil de Sergio Camello demuestra que esa frontera cada vez tiene menos sentido. A raíz de ello, otros chicos también han discurrido sobre su relación con este tipo de películas. Por ejemplo, Luis García, hombre y cinéfilo, compartió su experiencia:
“Cuando veo películas, yo no suelo pensar en el género. De hecho, películas como Frances Ha, Black Swan, Lady Bird… Se podrían catalogar como femcel pero no es una cosa en la que yo piense conscientemente a la hora de ver la película.”
“Creo que comúnmente se han visto invisibilizadas ciertas aptitudes dentro de los hombres más sensibles y creo que este tipo de género sirve a muchos hombres para poder explorar estas capas sentimentales más profundas en distintos contextos. Al final, las películas que he mencionado antes, una gran parte de ellas, hablan de sentirse solo, perdido… Cosa que es gran parte de lo que significa ser una mujer la cual se pueda sentir apartada del mundo, perdida en cierta parte. Desde mi punto de vista como hombre, creo que vemos estas películas porque se adentran en capas de la profundidad humana a las cuales otras no pueden llegar a hacerlo o no lo hacen«.
Luis remató su reflexión con una frase: «El género femcel, para hombres más introspectivos y sensibles, sirve para empatizar de forma directa con personajes que viven historias que comúnmente no son vividas por hombres en la ficción».
Y quizá por eso el Letterboxd de Camello ha fascinado tanto a internet. En un ecosistema digital donde la mayoría de hombres siguen relacionándose con sus emociones como si fueran residuos nucleares. Descubrir a un futbolista de primera división puntuando películas femcel con absoluta naturalidad resulta casi revolucionario.
Especialmente a aquellos hombres que no encuentran representación emocional dentro de los modelos tradicionales de masculinidad cinematográfica. Porque el cine que solemos relacionar como “masculino” sigue obsesionado con el éxito, la épica o la destrucción emocional encapsulada bajo capas de mutismo severo. Mientras tanto, películas del género femcel hablan directamente de sentirse perdido, insuficiente, emocionalmente desconectado del resto del mundo. Aterrorizado ante la posibilidad de convertirse en adulto sin saber exactamente cómo ocurrió.
