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To be a woman is to perform: Brigitte Bardot y la mujer en el cine

por Ofemcel

El reciente fallecimiento de Brigitte Bardot (28 de diciembre de 2025) y su funeral celebrado esta semana en la más estricta intimidad en Saint-Tropez no marca solo el final de una actriz. Marca el cierre de uno de los capítulos más crudos sobre la explotación de la mujer en el cine.

A menudo nos dicen que el cine es arte, pero el periodismo de datos nos cuenta una historia diferente. Como bien nos explicó la periodista Alba Martín Campos, la industria tiene un veredicto claro: la mujer en el cine está mejor desnuda que dirigiendo.

Según sus análisis sobre la representación femenina, la brecha es demoledora. En la industria, por cada mujer que logra ponerse detrás de la cámara para contar su propia historia, hay una decena de directores hombres decidiendo cómo debemos lucir, cómo debemos gemir y cómo debemos «histerizarnos» ante la pantalla.

La película que la catapultó, Et Dieu… créa la femme, ella despliega una sexualidad como fuerza disruptiva (además de tener un conejo que se llama sócrates e ir descalza haciendo lo que le da la gana, lo cual me parece fantástico). En un mundo de posguerra que exigía recato para reconstruir la familia tradicional, la negativa de BB a sentir vergüenza la convierte en un icono femcel sin quererlo (si lo ves desde un punto de vista crítico y no de pajero).

Bardot, al igual que Marilyn, sufrió esa «hipervisibilidad» que las borraba como persona. Mientras Marilyn Monroe trabajaba en un sistema que la convirtió en una caricatura infantil y sexualizada, Bardot tuvo la lucidez de retirarse a los 39 años. Decidió dedicar el resto de su vida a los animales.

Marilyn fue la «mona vestida» según la moda occidental de la Guerra Fría. Era el fenotipo indoeuropeo (blanco, nórdico, transparente) ofrecido como la «novia de los soldados» que estrenaban el Imperio Universal. Mientras que Bardot fue su versión europea: la hembra de la reconstrucción, el modelo al que toda mujer debía ajustarse de manera «normativa».

/h Marilyn Monroe y la hipervisibilidad femenina

La belleza extrema no es un don, es una sentencia de alienación. Marilyn y Bardot nos enseñan que para ser «la mujer más popular del mundo», primero debes dejar de ser humana. Debes convertirte en un fetiche, en una superficie plana donde los hombres proyectan sus triunfos geopolíticos.

La muerte de Bardot nos recuerda que, bajo el patriarcado visual, existir como mujer es una performance constante. Si no somos lo suficientemente bellas, somos invisibles; si lo somos demasiado, somos propiedad pública. Como bien señaló Alba Martín, la industria prefiere nuestro desnudo porque el desnudo no tiene voz.

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