El constante crecimiento tecnológico de la inteligencia artificial abrió un abanico adornado con comodidades, trato cordial, velocidad y… ¿seducción? En un abrir y cerrar de ojos, miles de personas acceden a los distintos chatbots no para pedirle consejos, no para buscar en una base de datos, sino para buscar compañía sentimental. Como si de una película de ciencia ficción se tratase. Cada vez más jóvenes encuentran «parejas virtuales» donde encuentran mayor consuelo, humanidad y tacto que en la regularidad de la vida exterior. O eso es lo que piensan.
La víctima popular en esta distópica situación es el incel, el que no triunfa a la hora de entablar relaciones románticas o sexuales. Las femcel no son una excepción, pues el heteropesimismo provoca que muchas mujeres rechazadas o al contrario repugnadas ante los hombres acaban optando por una inteligencia artificial que responda a sus muestras de afecto de la forma que se desee. La epidemia de soledad tanto en hombres como mujeres ha catapultado su popularidad, capaces de responder a todo tipo de conversaciones, tanto arrománticas como sexuales.
Las consecuencias no son precisamente bonitas. Los chatbots, si no tienen límite diario, pueden ser adictivos. Permanecer en contacto con una IA diariamente puede inhibirte de la realidad y alterar tu percepción. Iván Martínez, informático graduado en la Universidad de Alicante y especialista en inteligencia artificial, advierte que estas parejas virtuales, chatbots y toda plataforma de IA conversan y responden desde una programación específica hecha por el ser humano, limitando su capacidad empática y comprensión real de las emociones humanas. Pero debido a su buena disimulación, gente de todas las edades acaban enganchadas y seducidas. También aclara que si una persona utiliza un chatbot de manera recurrente y de forma romántica, puede alterar negativamente su manera de interactuar con personas físicas.
Son muchos los casos de mujeres con parejas virtuales con los que pueden hablar en cualquier momento, ya sea de forma gratuita o a través de suscripciones. Aparentes soluciones que solo pueden empeorar la condición solitaria de cada persona. El impacto en la salud mental puede ser muy grave para un producto que prolifera en condiciones poco precarias como la inteligencia artificial. En una sociedad cada vez más digital, casos como estos pueden ser lamentablemente el pan de cada día dentro de poco tiempo. A pesar de lo atractivo que pueda sonar una pareja artificial, debemos prestar atención a lo perjudicial que está resultando para todos. Adultos, jóvenes, incluso femcels.
