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El Test de Bechdel: Una perspectiva femcel

por Marcos Aguilera

Si analizamos la mayoría de películas populares con una pregunta muy simple; ¿las mujeres de estas pelis hablan entre ellas de algo que no sea un hombre? El resultado es sorprendente. Muchísimas historias no pasan ni siquiera esa prueba básica.

De eso mismo trata el Test de Bechdel, o más precisamente, Test de Bechdel-Wallace. Es un concepto que ha permeado la crítica cinematográfica y los estudios de medios durante las últimas décadas. Surgió de una tira cómica de 1985 de Alison Bechdel, Dykes to Watch Out For, y se ha convertido en un barómetro cultural simple pero bastante efectivo para medir la representación de las mujeres en la ficción.

¿En qué consiste el Test de Bechdel?

El test se compone de tres reglas muy sencillas. Para que una obra lo apruebe, debe:

1- Incluir al menos dos personajes femeninos.
2- Que hablen entre ellas en al menos una escena.
3- Que esta conversación trate sobre algo más que de un hombre o de algo relacionado con un personaje masculino.

A primera vista, puede parecer un listón insultantemente bajo y ridículamente fácil de alcanzar. Sin embargo, es abrumadora la cantidad de películas, series de televisión y libros que no cumplen con estos criterios básicos. La función principal del test de Bechdel es exponer cuán centrado en el hombre está el canon narrativo ‘mainstream’, donde las mujeres a las que se les da un mínimo de importancia, a menudo existen únicamente en relación con los personajes masculinos, ya sea como familiares, intereses amorosos, antagonistas…

Por poner en contexto la gravedad del asunto, el cine cuenta con un catálogo más que amplio de películas realmente conocidas y muy populares que suspenden estrepitosamente el test de Bechdel. Algunas de ellas van desde la trilogía original de Star Wars o también la de El Señor de los Anillos y la de El Padrino, pasando por otros títulos súper taquilleros como Avatar (2009), Titanic (1997), la saga de Jurassic Park, Regreso al Futuro (1985)… hasta una muy pero que muy larga lista de películas realmente afamadas. Esto demuestra que incluso en producciones enormes, con presupuestos gigantes y universos narrativos complejos, la interacción entre personajes femeninos puede ser prácticamente inexistente.

Asimismo, infinidad de obras narrativas en otros formatos (libros, series…) tampoco pasan este test, que evidencia vergonzosamente la escasez de verdadera representación femenina, protagonista, en este ámbito.

¿Hasta dónde puede llegar el test?

Al haber alcanzado una gran popularidad, el Test de Bechdel también recibe algunas críticas.
Aprobar el test no significa automáticamente que una película tenga una buena representación femenina. Por ejemplo, dos mujeres podrían hablar entre ellas durante unos segundos, sobre algo trivial y aun así la narración podría presentarlas como personajes secundarios o estereotipados. Incluso también puede ocurrir lo contrario; una película centrada en una protagonista femenina podría suspender el test simplemente porque no aparezcan más mujeres en la historia.

Por eso, muchos analistas consideran el test un punto de partida y no un veredicto definitivo. De todas formas, estos argumentos no hacen más que reforzar el pragmatismo del Test de Bechdel, ya que, si hay obras que, aunque lo aprueben, luego puede que no les den realmente a las mujeres el protagonismo que merecen, ni hablar de las que directamente no llegan a cumplir los requisitos del test.

A pesar de sus limitaciones, el Test de Bechdel sigue siendo relevante porque ofrece algo muy poderoso: una forma rápida de visualizar un problema cultural. Con solo tres preguntas simples, se puede revelar hasta qué punto muchas historias siguen construyéndose alrededor de los hombres.

Una lectura desde la perspectiva femcel

Desde una perspectiva crítica como la que explora la comunidad femcel.es, el Test de Bechdel también evidencia cómo muchas narrativas culturales colocan a las mujeres en roles secundarios dentro de historias centradas en hombres.

Incluso en mundos ficticios (donde todo puede imaginarse de cualquier forma), las mujeres siguen apareciendo con menos protagonismo, menos agencia narrativa y menos relaciones entre ellas que no estén mediadas por hombres. Lo cual plantea una pregunta interesante: Si la ficción, en parte, refleja nuestras ideas sobre el mundo, ¿qué significa que tantas historias apenas imaginen a las mujeres hablando entre ellas sobre su propia vida?

Analizar el cine, la literatura o la televisión con herramientas como el Test de Bechdel no pretende arruinar obras ni imponer reglas creativas. Lo que permite es abrir un debate sobre qué historias contamos, quién las protagoniza y desde qué perspectiva se construyen. Un debate que sigue siendo necesario.

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1 comentario

MeowMeow marzo 8, 2026 - 3:51 pm

wow este post me acaba de abrir los ojos mucho no era para nada consciente y es muy true… #boicotahollywood

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