En una era en la que el término femcel se está extendiendo a lo largo del mundo, resulta fascinante cómo el cine plasma todo este término con muchas películas antiguas basadas en la feminidad. En el cine de Pedro Almodóvar encontramos esta similitud: cómo las mujeres aman mucho, esperan demasiado pero reciben poco o nada a cambio.
Desde el principio de su carrera, Pedro Almodóvar ha explorado el vacío emocional de sus protagonistas como un carácter estructural. En Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988) la actriz de doblaje Pepa, interpretada por Carmen Maura, es abandonada por su pareja, Iván, justo cuando descubre que está embarazada. A raíz de esto, se empieza una búsqueda emocional: llamadas sin respuesta, expectativas, esperanza. Su vida interior, llena de angustia y deseo contrasta con las conversaciones confusas, humor negro y las identificaciones confusas. El argumento expresa una situación en la que Pepa está sola, esperando esa reciprocidad que no llega, generando un arquetipo femcel.

Ese vacío estructural se repite en otra película del director: La flor de mi secreto (1995).
La protagonista, Leo, es una escritora de novelas románticas que firma bajo pseudónimo. Vive atrapada entre la fantasía de sus historias (amores ideales, pasiones absolutas) y una realidad emocional devastada.
Su esposo está emocionalmente ausente, la identidad se diluye y el deseo ya no es una experiencia vivida, sino una idealización distorsionada del amor.
La combinación entre fantasía, deseo y realidad se convierte en una carga emocional de la que Leo no puede liberarse. Ese peso la empuja hacia un aislamiento psicológico profundo, muy cercano al dolor de quienes experimentan soledad no deseada.
En su mente persiste la posibilidad de una relación que la sociedad romantiza: la pareja, el amor correspondido, la promesa de plenitud. Sin embargo, esa fantasía no la rescata. La devuelve una y otra vez a su realidad concreta: silencio, indiferencia, desengaño.
La piel que habito (2011)
Una de sus películas hace contraste por centrarse en el cuerpo femenino como objeto de deseo, perdiendo ésta total intimidad. En La piel que habito (2011) el personaje femenino sufre despersonalización radical. Su vida gira entorno al dominio externo y su deseo está oculto. No se puede llegar ni al amor ni al deseo propio.
En Hable con ella (2002), las protagonistas femeninas están esclavizadas a cuerpos silenciosos, privados de viva voz. Objeto de deseo sin posibilidad de decisión y respuesta.
Algunas películas que no se centran exclusivamente en el deseo romántico pero sí explica heridas emocionales, ausencias y silencios duros en lo cotidiano. Julieta (2015) expresa cómo la protagonista debe de lidiar con la pérdida, abandono y culpa por un hueco emocional que no logra superar.
Volver (2006)
En Volver (2006), la violencia y el abandono demuestran que la resiliencia y la sororidad son las únicas herramientas de supervivencia. Frente al fracaso del ideal romántico, las mujeres construyen una existencia paralela basada en el apoyo mutuo y el silencio estructural.
El cine de Almodóvar refleja que desde hace unas décadas relata la dificultad de ser mujer, desear y querer ser correspondida y no ser elegida. Estar atrapadas en sí mismas y depender de otra persona para ser feliz. Este recurso le da color, vida y textura a la representación de la soledad femenina. Él actúa como un sucesor involuntario de una sensibilidad moderna, de un malestar emocional colectivo, de un eco cultural que resuena con los silencios de muchas mujeres hoy.
Durante esos años el cine ya hablaba por sí solo en cuanto al mundo femcel y construir una identidad femenina basada con tantas carencias.
